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JOSÉ DE LA COLINA / SERGIO VELA

DISCURSO EN DEFENSA PROPIA

Sin ser la persona adecuada para alzar la voz por circunstancias que me dañan, como se daña a otros pocos en mi medio literario, y a muchos más en la sociedad en común, a la que pertenezco tanto como a la sociedad literaria, por mis sentimientos y mi necesidad y mi convicción me veo obligado a indicar en tono de protesta la injusticia que contra mí se comete, pareciera ser que a fin de practicarse la democracia y la libertad y la justicia, practicándose supuestamente dichas virtudes para otros, aunque no para mí y todos aquellos que son los otros mas, merecedores de nulificación, podría decirse.
Malos creadores sin sensibilidad, con plena incomprensión del acto creativo, “desconociendo qué es la literatura”, como algún día me dijo Salvador Elizondo durante una de las escasas visitas que le hice en Coyoacán, aquéllos incapaces de experimentar la poética toda del arte, y de la vida, acorralan por estratos las variantes propias de los procedimientos -música, pintura, literatura...-, para luego pronunciar sentencia con juicios categóricos que sólo proceden del personal capricho dictatorial, sin la menor comprensión de que existen otros modos de hacer y de sentir, de crear literatura en el sentido de la música y la pintura y demás, conjuntamente con la vida o arte de vivir, por ejemplo.
Y no sólo, pues para las virtudes, vicios, ya que se prefiere acreditar a quien no tiene crédito pero sí poder, al menos en apariencia, o cuando conviene recordar o prevenir favores. Con cuánta facilidad se distingue a quienes adquieren fama sin sustento, o que son sostenidos por un buen poema o dos, a los que traiciona una vida de corrupción económica, mala vida superdesarrollada en contra de los temas poéticos admirables de la existencia humana maloliente, asunto que Algo en tales poetas con acierto supo componer. Para nuestra mejor vida, sabemos reconocer contra la negación; diciendo “yo no soy Edipo, mal nos decimos, equivocadamente, cuando en cada uno de nosotros mismos Hamlet sabe con acierto descubrir que él mismo es Dinamarca”.
El arte, al que con problema llamamos arte en nuestro tiempo, tiene, entre otros de sus propósitos, el reconocimiento de sí mismo para cada actor de las expresiones creativas, incluido quien contempla, a fin de que, a partir de ese instante, invitemos a otros, o los contagiemos, con nuestra inclinación de sinceridad, si es que hemos permitido que la sinceridad se nos acerque y nos descubra. Una vía es nuestro abandono, el abandono de cada quién a lo que solía llamarse vocación, la que en este asunto que trato presenta al menos una cuestión contradictoria.
Sé que tengo vocación, podrá decir alguien, de modo que bien me entregaré al mejor postor. Requiero el prometido sustento gubernamental, a fin de emplear mi tiempo en sumar este ahorro de la beca a mis otros ingresos. No lo hemos pensado, pero sí lo hacemos: acaparamos la cultura y sus prebendas, no importa que, sabiendo mucho, no nos enteremos de lo que nuestros prejuicios ignoran.
Contrastan dichos modos preestablecidos de pensar y pseudosentir, con los modos de quien por desgracia vino a ser tocado, mediante cualquier enviado ser de privilegio, o de otros mil y un modos ajenos a la costumbre, porque tales modos quedarán, irremediablemente, detrás del vidrio, más que obscuro, enceguecido. Todo, casi todo, una buena parte, un poco se dice adelantadamente, y con democracia y libertad tratándose de cada clan, y hasta entre dos clanes y más. Pero nada qué hacer respecto a los otros, tan inexistentes como la suave brisa. No considerable en el desierto, pleno de calificaciones y elogios.
He quedado excluido de los medios culturales. En la Red, en uno o varios sitios, se da cuenta del cuento de que soy integrante del Sistema Nacional de Creadores de Arte, cuando lo cierto es que desde hace 8 años, después de tener beca del FONCA, y del propio Sistema, he sido hecho a un lado sistemáticamente, no obstante mi abundante y al menos extraña composición literaria, fruto de la experiencia de vida, de niño al hombre que soy, de toque imaginario, musical religioso sin darme cuenta al comienzo y al fin decidido.
Caí en trampa sin percatarme. Quiero ser reconocido. Aunque no, pues yo con la cultura rompí desde antes, y por eso escribo libremente. Lo que a la ley obliga es sostener a los creadores que crean sostenidamente por vocación. Éste es mi caso. No quiero reconocimiento, quiero que mi escritura tenga oportunidad. Mis ingresos de $2,000.00 mensuales son menos que nada. Yo sí requiero apoyo económico, Sin crear vergüenzas sino todo lo contrario, incluso bajo la opinión de algunas personas por la Cultura apreciadas.
No más becas a seres ricos y enriquecidos, muchos de las cuales apenas si crean, muchos de las cuales presentando informes falsos. “Que haya un comité de vigilancia que revise las decisiones de los jurados”, tal vez. Que haya justicia, a fin de que se apoye a creadores que necesitan el apoyo.

Muchas gracias.

Manuel Capetillo